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México fija agenda 5G con el Programa de Espectro 2026-2030

El Gobierno publicó el PNER 2026-2030 para ampliar el espectro móvil de 695 a 1,095 MHz y abrir nuevas bandas, aunque la subasta 5G sigue sin fecha.

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México fija agenda 5G con el Programa de Espectro 2026-2030

El pasado 18 de mayo, el Gobierno de México publicó en el Diario Oficial de la Federación el Programa Nacional de Espectro Radioeléctrico (PNER) 2026-2030, la hoja de ruta que definirá la política de uso y distribución de frecuencias en el país durante los próximos cuatro años. El documento es la señal regulatoria más concreta que el sector de telecomunicaciones ha recibido en materia de 5G, aunque los retos para la implementación siguen siendo considerables.

¿Qué establece el PNER 2026-2030?

El objetivo central del programa es ampliar el espectro disponible para servicios móviles de 695 MHz a 1,095 MHz hacia el año 2030. En términos prácticos, esto implica casi duplicar la capacidad espectral disponible para operadores como Telcel, AT&T México y los nuevos entrantes al mercado.

Entre los puntos más relevantes del programa destacan:

  • Nuevas bandas comerciales: El IFT (Instituto Federal de Telecomunicaciones) realizará nuevas licitaciones de frecuencias entre 2026 y 2030, incorporando rangos actualmente subutilizados o no asignados.
  • Redes 5G privadas: Por primera vez, el marco regulatorio mexicano reconoce formalmente a las redes 5G privadas como un modelo de negocio específico. Esto abre la puerta a despliegues industriales en manufactura, minería, logística y salud.
  • Plataformas HAPS: Se incorporan las plataformas de comunicación de gran altitud (High-Altitude Platform Stations) como categoría regulatoria, facilitando la conectividad en zonas rurales y remotas donde las redes terrestres no son viables.

El cuello de botella: sin subasta 5G competitiva

La publicación del PNER es un avance normativo, pero no resuelve el problema central del sector: México sigue sin haber completado una subasta de espectro 5G competitiva. El intento más reciente de licitación fue cancelado en 2025, y el nuevo programa no establece una fecha concreta para relanzar el proceso.

Esta omisión genera incertidumbre. Mientras Brasil, Colombia y Chile ya cuentan con redes 5G comerciales activas en sus principales ciudades, México mantiene una cobertura 5G limitada, concentrada en algunas zonas urbanas donde los operadores han reutilizado bandas de espectro previas bajo el esquema de refarming.

Para los operadores de telecomunicaciones, la ausencia de un calendario claro de licitaciones complica la planificación de inversiones. Construir infraestructura 5G de banda media requiere espectro licenciado; sin fechas definidas, comprometer capital resulta difícil de justificar ante accionistas e inversionistas.

Oportunidades industriales: el caso de las redes privadas

Más allá del debate sobre la subasta pública, el reconocimiento de las redes 5G privadas es probablemente el elemento más práctico del PNER para el corto plazo.

México es una potencia manufacturera: es uno de los principales exportadores de vehículos, televisores y equipo electrónico hacia Estados Unidos. En este contexto, las redes 5G privadas pueden transformar la operación de plantas de ensamblaje con comunicaciones de baja latencia que permiten robótica colaborativa, inspección visual automatizada y logística interna en tiempo real.

Empresas con instalaciones productivas en el país son candidatos naturales para adoptar este modelo. El marco regulatorio, ahora formalizado, les brinda la certeza jurídica necesaria para invertir en conectividad de próxima generación.

¿Qué sigue?

El IFT tiene ahora la responsabilidad de traducir el PNER en acciones concretas: publicar calendarios de licitación, definir las condiciones técnicas y económicas para redes privadas, y articular la política de HAPS con los planes de conectividad rural del gobierno federal.

El sector observará de cerca si el regulador aprovechará este momento para convocar finalmente la subasta 5G que el mercado ha esperado por años. México cuenta con la infraestructura pasiva, el talento técnico y la demanda de mercado para dar el salto; lo que ha faltado es la certeza regulatoria que movilice el capital necesario.

Por ahora, el PNER 2026-2030 es un paso en la dirección correcta. El verdadero indicador de éxito llegará cuando las primeras licitaciones se conviertan en antenas activas y en cobertura real para usuarios y empresas en todo el país.

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