México entra a la cadena global de chips: la OCDE avisa que el reto es escalar
La OCDE confirma la inserción de México en el ecosistema semiconductor global. Con inversión récord y el Centro Kutsari, el país apunta a ser más que ensamblador.
De ensamblador a diseñador: el salto que México está intentando dar
México lleva décadas en el mapa de la manufactura electrónica, pero siempre en el eslabón más básico: el ensamble. Eso está cambiando. En marzo de 2026, la OCDE publicó un análisis que confirma lo que varios observadores venían señalando: México ya forma parte de la cadena global de valor en semiconductores. El reto, según el organismo, no es entrar sino escalar.
El sector de semiconductores en México creció 36% en valor agregado entre 2019 y 2023, y recibió 1,600 millones de dólares en inversión extranjera directa en los últimos veintidós años. Empresas como Intel, Texas Instruments, Infineon y NXP tienen operaciones activas en el país. En 2026, Micron Technology y Vishay Intertechnology anunciaron nuevas inversiones, consolidando la apuesta.
El Centro Kutsari y la apuesta por el diseño
El evento más simbólico de este giro estratégico fue el lanzamiento del Centro Nacional de Diseño de Semiconductores Kutsari, en febrero de 2026. El proyecto representa un intento deliberado de mover a México hacia actividades de mayor valor agregado: el diseño de chips, no solo su ensamble o prueba.
El Kutsari busca acortar la brecha con países como India o Taiwán, donde los centros de diseño llevan décadas formando ingenieros y generando propiedad intelectual. Para México, el objetivo más inmediato es claro: crear el capital humano que las empresas globales necesitan cuando deciden instalar operaciones de mayor complejidad en territorio mexicano.
El nearshoring como catalizador
El contexto geopolítico juega a favor. La reconfiguración de cadenas de suministro globales —acelerada por las tensiones entre Estados Unidos y China— ha convertido a México en un destino prioritario para empresas que buscan acercar producción al mercado norteamericano sin perder competitividad en costos.
Entre 2023 y 2026, el nearshoring generó más de 400,000 empleos formales directos en México, según cifras del IMSS. Más de la mitad de la inversión extranjera directa que llega al país tiene ahora motivación explícita de nearshoring —un cambio estructural que hace apenas cuatro años era difícil de imaginar.
En el sector de semiconductores, este efecto se traduce en una demanda creciente de ingenieros de hardware, técnicos en manufactura de precisión y especialistas en pruebas. La oferta de talento local aún no alcanza: ahí radica la urgencia del Kutsari y de programas similares en universidades tecnológicas del norte del país.
Cuellos de botella que no se pueden ignorar
El panorama tiene sombras. La OCDE y varios analistas coinciden en que México enfrenta tres cuellos de botella críticos para capitalizar su posición:
- Energía: La manufactura de semiconductores requiere suministro eléctrico constante y de alta calidad. La capacidad instalada en zonas industriales del norte sigue siendo insuficiente.
- Agua: La producción de chips es intensiva en agua ultrapura, un recurso escaso en los estados del norte donde se concentra la industria.
- Talento especializado: La escasez de ingenieros con formación en diseño de circuitos integrados es el freno más inmediato para subir en la cadena de valor.
El T-MEC como variable crítica
La renegociación del T-MEC en 2026 añade una capa de incertidumbre. Reglas de origen más restrictivas —especialmente en componentes críticos como baterías para vehículos eléctricos y semiconductores avanzados— podrían limitar la capacidad de México de actuar como hub de manufactura si su dependencia de insumos asiáticos no disminuye.
La apuesta del gobierno y del sector privado es que el Centro Kutsari y los parques industriales especializados sean parte de la respuesta estructural. No es suficiente atraer inversión extranjera: México necesita que esa inversión genere know-how local que permanezca en el país cuando los ciclos geopolíticos cambien de nuevo.
Un momento de oportunidad que no se repite
Pocas veces en su historia México ha tenido una ventana tan clara para subir en la cadena de valor tecnológica global. La combinación de proximidad geográfica con el mayor mercado del mundo, marco regulatorio del T-MEC, costo laboral competitivo y un ecosistema manufacturero maduro crea condiciones excepcionales.
Aprovecharlo requiere decisiones de política pública que van más allá de la atracción de inversión: infraestructura energética, formación técnica masiva y una estrategia de propiedad intelectual que permita a México capturar valor, no solo producirlo para otros. La OCDE lo reconoce. El reloj corre.
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