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Crisis energética frena el boom de data centers en México

México suma 279 MW en data centers, pero la escasez eléctrica amenaza inversiones de miles de millones de dólares en IA y nearshoring. CloudHQ sola necesita 900 MW.

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Crisis energética frena el boom de data centers en México

México se ha convertido en uno de los destinos más atractivos de América Latina para la inversión en centros de datos, pero una amenaza estructural podría frenar ese crecimiento: la infraestructura eléctrica no está lista para la demanda que se avecina.

El país cerró 2026 con 279 megawatts (MW) de capacidad instalada en data centers, frente a los 235 MW registrados en 2025. Sin embargo, la Asociación Mexicana de Data Centers advierte que esa cifra deberá multiplicarse por cinco en los próximos cinco años para satisfacer la demanda proyectada de IA, nearshoring y servicios en la nube.

Inversiones masivas que exigen mucha electricidad

El caso más representativo es CloudHQ, que anunció una inversión de 4,800 millones de dólares para construir seis centros de datos en Querétaro. El proyecto requiere 900 MW de potencia eléctrica —más del triple de la capacidad instalada total en el país hoy— lo que ilustra la magnitud del desafío.

A eso se suman los planes de Amazon Web Services, Microsoft, Google y otros hiperescaladores que han comprometido miles de millones en infraestructura digital para México, atraídos por la proximidad geográfica con Estados Unidos y el bono del nearshoring tecnológico.

El cuello de botella energético

El principal obstáculo no es el capital: es la electricidad. La red eléctrica nacional, operada mayoritariamente por la CFE, enfrenta limitaciones de generación y transmisión que dificultan abastecer grandes consumidores industriales en los tiempos que exigen los proyectos de inversión.

  • Los data centers requieren suministro ininterrumpido las 24 horas, los 365 días del año
  • Las interrupciones o inestabilidades eléctricas pueden dañar equipos y comprometer datos críticos
  • Las energías renovables —solar y eólica— son una alternativa, pero requieren contratos de largo plazo que el marco regulatorio actual complica

Querétaro, el Estado de México y la Ciudad de México concentran la mayor parte de la capacidad instalada, pero precisamente esas zonas registran las mayores restricciones de capacidad eléctrica disponible para nuevos proyectos.

La presión del nearshoring y la IA

El contexto agrava la urgencia. México se posiciona como el principal beneficiario del nearshoring manufacturero y tecnológico en la región, impulsado por la reconfiguración de cadenas de suministro globales y la tensión comercial entre Estados Unidos y China.

Al mismo tiempo, la explosión de modelos de inteligencia artificial generativa dispara el consumo de cómputo. Entrenar y ejecutar modelos de IA a escala requiere clústeres de GPU que consumen enormes cantidades de energía. Sin infraestructura eléctrica suficiente, México no podrá capitalizar esa oportunidad.

La escasez eléctrica no es un problema futuro: ya está frenando decisiones de inversión hoy.

Las apuestas del sector privado

Ante las limitaciones de la red pública, varios operadores de data centers están explorando soluciones propias:

  • Contratos privados de energía renovable (PPAs) con generadores eólicos y solares
  • Generación distribuida con plantas de respaldo de mayor capacidad
  • Diversificación geográfica hacia estados con mejor disponibilidad eléctrica, como Sonora o Nuevo León

Sin embargo, estas soluciones son parciales y costosas. El sector coincide en que se necesita una política pública clara que priorice el suministro eléctrico a la infraestructura digital como componente estratégico del desarrollo económico.

¿Qué sigue?

Si México no resuelve su déficit energético en los próximos dos a tres años, corre el riesgo de perder inversiones que ya están evaluando alternativas en Chile, Brasil o Colombia. La oportunidad existe, pero tiene fecha de vencimiento.

El reto está sobre la mesa: atraer capital es relativamente fácil cuando los fundamentos económicos son favorables. Construir la infraestructura que ese capital necesita para operar es, en cambio, un trabajo de largo aliento que México debe empezar ahora.

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